La mayoría de los dispositivos tradicionales de BIA funcionan enviando corrientes de una mano a la otra, lo que puede generar errores al intentar estimar la composición corporal completa basándose únicamente en esos puntos de contacto limitados. InBody adopta un enfoque distinto con su sistema de electrodos de ocho puntos, que mide efectivamente la impedancia de forma independiente en todos los segmentos corporales principales, incluidas ambas manos, ambos pies y la zona del tronco. Este método segmentado detecta diferencias en la distribución de la masa muscular y en los niveles de hidratación a lo largo de distintas partes del cuerpo, algo que los métodos convencionales pasan por alto, ya que deben estimar dichos detalles estadísticamente. Estudios indican que este tipo de medición directa reduce los errores aproximadamente un 5 % en comparación con los dispositivos portátiles habituales, especialmente en personas cuyas características físicas no se ajustan a los tipos corporales típicos o que presentan alteraciones inusuales en el equilibrio hídrico, según investigaciones publicadas el año pasado en la revista Clinical Nutrition. Gracias a esta mayor precisión, los profesionales del fitness pueden seguir de forma mucho más fiable los cambios en el crecimiento muscular o en la reducción de grasa a lo largo del tiempo.
La mayoría de los dispositivos BIA de una sola frecuencia funcionan alrededor de los 50 kHz y, básicamente, solo nos proporcionan un valor para el contenido total de agua corporal. Sin embargo, no pueden indicarnos gran cosa sobre lo que ocurre dentro o fuera de nuestras células. Aquí es donde InBody el enfoque destaca. Su tecnología de múltiples frecuencias aprovecha la forma en que distintos tejidos conducen la electricidad a distintas frecuencias. Las frecuencias bajas, de 1 a 50 kHz, analizan principalmente los líquidos fuera de las células, mientras que las frecuencias más altas, entre 100 kHz y 1 MHz, atraviesan efectivamente las membranas celulares para evaluar lo que ocurre en el interior. Esta capacidad de observar ambos compartimentos proporciona a médicos y profesionales del fitness información valiosa sobre la salud celular general. Una investigación publicada el año pasado en Scientific Reports demostró que estos sistemas de múltiples frecuencias coinciden bastante estrechamente con los métodos de laboratorio tradicionales, alcanzando una precisión del 98 % en el análisis de los compartimentos líquidos. Lo realmente interesante es que detectan problemas como edema o deshidratación aproximadamente tres veces antes que sus homólogos de frecuencia única, lo cual marca una gran diferencia en el diagnóstico temprano y la planificación del tratamiento.
Las pruebas estándar de BIA (bioimpedancia eléctrica de todo el cuerpo) suelen pasar por alto lo que ocurre en áreas específicas del cuerpo; aquí es donde el enfoque de InBody realmente destaca gracias a su análisis segmental. Cuando los médicos examinan cada brazo, cada pierna y el tronco por separado, detectan problemas que de otro modo podrían pasar desapercibidos. Considere, por ejemplo, a una persona con pérdida muscular asimétrica en un brazo o con acumulación de líquido concentrada únicamente en una pierna. Hemos observado casos en los que una diferencia del 10 % en el contenido acuoso entre las extremidades fue una señal temprana de desarrollo de linfedema. Asimismo, cuando hay una acumulación excesiva de grasa en la zona abdominal que no se refleja en una medición estándar del IMC, esto puede indicar trastornos metabólicos graves que nadie desea ignorar. Según una investigación publicada el año pasado en el Journal of Aging Research, estas mediciones detalladas aumentan en aproximadamente un 15 % las tasas de diagnóstico de afecciones como la sarcopenia durante las evaluaciones de rehabilitación. El verdadero valor radica en que los planes de tratamiento se centran precisamente en lo que necesita corregirse, en lugar de basarse en suposiciones generales derivadas de datos incompletos.
La BIA funciona enviando pequeñas corrientes eléctricas a través del cuerpo, y cuando lo hace, los tejidos presentan dos características eléctricas principales. En primer lugar, está la resistencia (R), que frena principalmente el flujo de corriente en los espacios situados fuera de las células. Luego tenemos la reactancia (Xc), que nos indica, de hecho, cómo almacenan carga eléctrica las membranas celulares. Al combinar ambas se obtiene un parámetro denominado ángulo de fase, calculado mediante la arcotangente de Xc dividida por R. Este valor actúa como una especie de ventana hacia el estado real de salud de nuestras células. En términos generales, las personas con ángulos de fase más elevados suelen tener membranas celulares mejor conservadas y también una nutrición general más adecuada. Las investigaciones indican que cualquier persona cuya medición sea inferior a 4 grados podría estar enfrentando problemas graves de desnutrición. Lo que otorga tanta valía a esta medición es que los médicos pueden detectar alteraciones en la salud celular mucho antes de que aparezcan los síntomas, obteniendo así una ventaja significativa frente a métodos diagnósticos tradicionales.
Los dispositivos de BIA de una sola frecuencia (típicamente 50 kHz) generan inexactitudes significativas porque no pueden distinguir entre los compartimentos de líquidos. A bajas frecuencias, la corriente fluye principalmente a través del agua extracelular, mientras que a altas frecuencias penetra las membranas celulares para medir el líquido intracelular. La tecnología multi-frecuencia de InBody (1 kHz–1 MHz) aprovecha esta conductividad dependiente de la frecuencia:
Seguir estrictamente las normas previas a la prueba realmente ayuda a obtener resultados precisos de las mediciones InBody, ya que mantiene bajo control esos factores biológicos engorrosos. Cuando una persona ayuna durante aproximadamente 12 horas antes de la prueba, evita todos esos cambios molestos en los niveles de líquidos causados por la ingesta de alimentos, los cuales alteran las lecturas de impedancia. Asimismo, abstenerse de usar la cinta de correr o levantar pesas durante al menos cuatro horas antes de la prueba evita la pérdida de sudor y los desequilibrios electrolíticos a corto plazo que se producen tras el ejercicio físico. Existe también esta regla de no ingerir líquidos durante dos horas, que garantiza que todos comiencen la prueba con niveles similares de agua extracelular, ya que beber algo justo antes de la medición altera la distribución del agua en el cuerpo. La investigación clínica demuestra que estos pasos de preparación reducen la interferencia biológica en aproximadamente un 30 %. Sin embargo, si se omiten, existe una alta probabilidad de que la prueba sobreestime la masa magra entre 1,5 y 2 kilogramos únicamente debido a errores en la distribución de los compartimentos hídricos.
Muchos factores biológicos pueden alterar los resultados de la BIA, incluso si alguien sigue todos los procedimientos adecuados. Cuando las personas están deshidratadas, sus cuerpos ofrecen mayor resistencia a la electricidad, lo que hace que la báscula interprete que tienen aproximadamente un 3 al 5 % más de grasa corporal de lo que realmente poseen. Por el contrario, una hidratación excesiva reduce la resistencia y conduce a lecturas más bajas de grasa. La postura adoptada durante la prueba también es relevante: acostarse provoca un desplazamiento de los líquidos hacia la zona del tronco, por lo que la mayoría de los laboratorios prefieren que los pacientes permanezcan de pie para obtener mediciones precisas. Las hormonas también desempeñan un papel, especialmente en las mujeres durante su ciclo menstrual. La retención de agua tiende a fluctuar entre medio kilogramo y dos kilogramos, según la fase del ciclo en la que se encuentren, siendo los cambios más pronunciados alrededor del momento de la ovulación. Todos estos factores explican por qué, habitualmente, se observa una diferencia de aproximadamente un 1,8 % al seguir la evolución de los resultados a lo largo del tiempo. Por ello, es fundamental mantener las condiciones de la prueba lo más similares posible cada vez que se comparan resultados obtenidos en distintos días o semanas.
La precisión del análisis de impedancia bioeléctrica (BIA) depende, en realidad, en gran medida de la persona que se está midiendo. Tomemos, por ejemplo, los dispositivos InBody: suelen presentar un margen de error de aproximadamente el 2,1 % en las mediciones de masa magra en atletas, si las comparamos directamente con las exploraciones DXA, consideradas el estándar de oro. Sin embargo, la situación se complica en personas con porcentajes más elevados de grasa corporal. En estos casos, las tasas de error aumentan hasta aproximadamente el 3,5 %, debido a que el agua se almacena de forma distinta en el organismo y los tejidos conducen la electricidad de maneras particulares. Estas variaciones afectan la forma en que las corrientes eléctricas atraviesan distintas conformaciones corporales y distribuciones de líquidos, lo que dificulta considerablemente obtener lecturas precisas de forma constante en poblaciones diversas.
El dispositivo InBody es bastante bueno para detectar tendencias en la composición corporal al analizar grupos de personas en entornos clínicos, aunque requiere un manejo cuidadoso al hacer un seguimiento de individuos a lo largo del tiempo. Estudios a largo plazo indican que los cambios a nivel poblacional se miden de forma fiable, con coeficientes de correlación de aproximadamente 0,93; sin embargo, al centrarnos en los resultados individuales, puede haber una variabilidad considerable, llegando en ocasiones a ±3,5 kg en las mediciones de masa libre de grasa. Existen varios factores que limitan la precisión en este contexto. Los niveles de hidratación fluctúan diariamente, lo que provoca variabilidad entre lecturas. Asimismo, el sistema tiene dificultades para detectar cambios menores inferiores a aproximadamente un 1,5 % de diferencia en porcentaje de grasa corporal. Además, existe el problema de que, en las mujeres, las distintas fases del ciclo menstrual afectan los patrones de retención de agua. Al tomar decisiones clínicas basadas en estos datos, los profesionales sanitarios suelen considerar que analizar varios puntos de medición conjuntamente les proporciona una mayor comprensión que confiar únicamente en una única lectura.
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